lunes, mayo 11, 2015

¿Quién, se supone, debe construir el país que queremos?

Hoy estuve despidiendo a mi hermano en el aeropuerto, le llegó el día de ir a vivir a otro país, aunque él particularmente vivió fuera del país alrededor de 2 años entre Francia y China, esta vez fue diferente, porque la razón no era estudio como lo fue antes, sino la búsqueda de un futuro mejor en un país llamado Canadá. 

Hasta hace un año parte de nuestra rutina normal de familia era encontrarnos a almorzar en familia, nuestros padres, los hermanos, esposa, esposo, hijos. En el último año nuestro padre falleció debido a un cáncer y mi hermana con su familia también partieron a Canadá en la misma búsqueda. Es decir que en un año sólo quedó en nuestro país el 50% del núcleo familiar que éramos. Lo de mi papá era inevitable con la ciencia actual, y lo de mis hermanos parece que también con el país actual que tenemos. 

Esta situación me ha puesto a pensar bastante, aunque no desde ahora sino desde hace unos años cuando una familia que conocía y que tenía un buen nivel de vida acá, con empresa y trabajo, decidió vender todo e irse también a Canadá y luego lo mismo pasó con un amigo cercano que con su familia se fue a EEUU. Cuando personas bien establecidas, con una buena situación económica y un buen nivel académico decide irse del país, creía yo en ese momento es una alerta respecto a la grave situación del país. 

Sin embargo hoy me estrelló una nueva pregunta, ¿quién, se supone, debe construir el país que queremos? ¿Quienes construyeron esos países que hoy son tan deseados como Canadá y EEUU?

Esta pregunta me recordó algo que había leído hace poco en un libro que justamente pertenecía a mi Papá llamado Las bases del cooperativismo de Carlos Uribe Garzón y que a su vez es una cita del libro Historia de los pioneros de Rochdale de Holyoake y me parece oportuno transcribir:

En uno de esos días húmedos, oscuros y tristes, como los de noviembre, cuando los días son cortos y el sol parece vencido por el desaliento y el disgusto, sin ánimo de brillar, algunos de esos tejedores, sin trabajo, casi sin pan y simplemente aislados en su estado social, se reunieron con el propósito de estudiar lo que más conviniera hacer para mejorar su situación.  
Los manufactureros tienen el capital, los comerciantes tienen las provisiones. Privados de esos dos recursos y carentes, casi por completo, de todo ¿qué podrían hacer los obreros? 
¿Reclamarían el beneficio de la ley de amparo a los menesterosos? Ello habría significado la pérdida de su independencia.  
¿Debían emigrar? La emigración les parecía como una condena a destierro por delito de pobreza.  
¿Qué podían hacer, pues? 
Después de muchas reflexiones, resolvieron iniciar, por sus propios medios, la lucha por la vida. Considerándose como comerciantes, industriales y capitalistas a quienes faltaba experiencia, saber y dinero, se comprometieron a crearse medios de acción y a conseguir, mediante ayuda mutua, todo lo que les faltaba.

Como todo, cuando el tema nos toca de cerca empezamos a prestarle verdadera atención. Debo confesar que inicialmente la idea de mis hermanos se la atribuía a la falta de oportunidades en nuestro país, lo cual a su vez era culpa de haber tenido unos malos gobernantes durante los últimos 200 años, lo cual dicho sea de paso es cierto. Sin embargo la pregunta ¿quién se supone que debe construir el país que queremos?, me trajo a la mente el concepto de autogestión que hace parte de la esencia de las cooperativas. 

"Después de muchas reflexiones, resolvieron iniciar, por sus propios medios, la lucha por la vida", es una frase que considero muy poderosa, nos está diciendo que sólo es cuestión de decisión iniciar por nuestros propios medios el camino a vivir mejor, es decir lo único que se necesitaría es encontrar un grupo de gente con la cual reflexionar y emprender este camino. Sería un camino distinto al de buscar un empleo e incluso distinto al de sólo contra el mundo, el camino de un emprendimiento colectivo, donde la solidaridad a partir de la reflexión permitiera cambiar la situación. 

Tal vez sea el mejor camino cuando encontrar un empleo digno es difícil y realizar un emprendimiento individual presenta una elevada tasa de mortalidad. La dificultad de este camino alternativo está en despertar la solidaridad y el espíritu de autogestión en el grupo que tenga el interés común de luchar por la vida. 

Si asumimos que el camino es la autogestión no podremos seguir culpando a los malos gobiernos de nuestra situación, sino que estaremos actuando en la raíz del problema, tomando las riendas de nuestro país, ayudando a construir ese país que queremos y seguramente en el futuro no tendremos que vernos obligados a la separación de nuestras familias. 

¿Será que si podemos asumir nuestra autogestión?





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