lunes, marzo 19, 2018

Lo aparente y lo real: la historia de una hamburguesa

Lo aparente

Hoy Carlos ha tenido un día particularmente satisfactorio, está agradecido con el mundo, cada paso que da está lleno de alegría, se siente como caminando en un suave pasto acolchonado. Sube a su auto, pone su música preferida, un poco de aire acondicionado y siente la perfección del mundo en que vive. Siente un poco de hambre, la adrenalina de la satisfacción abre el apetito, decide ir a McBurger uno de sus sitios preferidos, que por fortuna tiene locales por todas partes y todos ellos diseñados con un gran gusto y comodidad. 

El camino que está recorriendo hace parte de su día a día, lo conoce palmo a palmo, así que sabe exactamente dónde queda el McBurger más cercano. En menos de 5 minutos está arribando a su destino y estaciona tranquilamente, esa es otra ventaja de estos lugares, tienen amplios espacios de parqueadero, que permiten parquear sin tropiezos su enorme camioneta. 


Cuando baja de su auto lo primero que ve es una persona que parece de unos 70 años, sentada en la acera, con un vestido muy gastado y una profunda cara de tristeza. Para él este ha sido un gran día y piensa que es justo compartir un poco de su alegría con aquel desdichado así que decide invitarlo a comer. Entran al local y de repente todas las miradas se dirigen hacia ellos, Carlos en medio de su felicidad no lo nota y se dirige como si nada a la caja para hacer su pedido. Pide dos combos de su hamburguesa favorita con papas y gaseosa grandes. 

En pocos minutos tienen su orden lista y le entrega uno de los combos al señor quien antes de entrar le había dicho su nombre, Diego. En ese momento se separan, cada uno busca un lugar donde sentarse y empezar a comer su delicioso combo. La gente no ha parado de mirarlos y el cajero luego de atenderlos llamó al administrador del lugar y le hizo un comentario en voz baja. Carlos hasta ese momento no ha notado nada extraño, sigue pensando en todo aquello que le ha hecho el día tan feliz. 

Después del segundo mordisco Carlos ve llegar una patrulla de la policía de la cual sale una agente de policía que le parece atractiva y piensa que hasta los policías quieren disfrutar de esta deliciosa comida, sin embargo antes de terminar sus pensamientos la mujer policía entra bastante seria, se dirige al administrador del establecimiento quien la lleva a donde está sentado Diego comiendo y lo señala. Ella inmediatamente le dice a Diego que tiene que salir del establecimiento inmediatamente porque la gente se siente incómoda con su presencia, Carlos en ese momento siente como un corrientazo le recorre el cuerpo y termina con su sensación de felicidad. 

Su primera reacción es tomar el celular y filmar la escena que está presenciando, le parece inaudito que esto esté sucediendo y considera que las redes sociales son el mejor medio de denuncia del atropello, una vez se asegura de estar grabando le hace el reclamo a la agente y le dice que él lo invitó  a comer y que lo que está haciendo no es correcto, ella se limita a contestar que están en una propiedad privada y si el dueño no quiere que él esté ahí, entonces su deber como autoridad es sacarlo. Carlos no entiende bien la situación porque lo que él ve es un abuelo sin hogar que tenía mucha hambre y que estaba sentado tranquilamente comiendo lo que él le había invitado. 

Carlos discute airadamente con la agente de policía y el administrador del lugar, les recuerda una y otra vez que aquello que están haciendo no es correcto, los demás clientes en el lugar sólo observan sin tomar ninguna posición, como si estuvieran viendo televisión, simplemente esperando a ver que pasa en la siguiente escena, hasta que después de varios minutos de discusión el administrador del lugar le dice a la agente que también quiere que él salga del sitio. La policía ahora se dirige también a Carlos pidiéndole que salga del establecimiento, él se opone, pide que le devuelvan entonces el dinero, ella se comunica con la central informando la situación, hasta que finalmente ambos se ven obligados a abandonar el establecimiento, sin terminar lo que estaban comiendo y sin que les devuelvan el dinero. 

La felicidad se convirtió en desazón, impotencia, rabia, una mezcla de sentimientos al ser castigado por defender lo que consideraba justo. Su último recurso fue recordarle al administrador y la policía que aquello que estaban haciendo no era correcto, y decirle a Diego que se fueran a comer a otro lado. 

Lo real

Lo sucedido esta semana ha puesto en crisis, de nuevo, a Fernando. Luego de casi 8 meses de estar sin trabajo, arañando la sobrevivencia junto con su familia, endeudándose para lograrlo, lo llamaron de una de las más de 200 hojas de vida que había pasado. Para él en su momento esa llamada fue como un milagro, no sólo lo estaban llamando para un trabajo, sino que además era para administrar una de las sucursales de una famosa cadena de comida rápida. El sueldo que le ofrecían le permitiría cubrir sus gastos, mejorar su calidad de vida y pagar sus deudas, definitivamente era algo milagroso.

El entusiasmo que irradiaba en el trabajo no tenía igual y era natural, los 8 meses de angustia sin trabajo lo hacían valorar al máximo esta oportunidad que además era muy buena. Así rápidamente se le pasaron los 6 meses que tenía que cumplir para tener la posibilidad de hacer un viaje a la planta principal de la cadena, que además quedaba fuera del país, sería la primera vez que pisaría suelo extranjero. No podía ser más la dicha, además por otro lado ya casi terminaba de pagar sus deudas y la familia estaba muy feliz.

Se llegó el día del viaje, toda su familia fue a acompañarlo al aeropuerto, la emoción de todos era contagiosa, se dieron un fuerte abrazo antes de pasar a la sala de espera, todo parecía un sueño para él. Aunque era un vuelo de 6 horas y de noche, no pudo dormir, la emoción que lo embriagaba no le permitió conciliar el sueño, así que se dedicó a ver películas todo el viaje.

Al llegar al aeropuerto lo recibe una persona de la empresa y lo lleva en un hermoso auto a su hotel. Para él era como estar en un palacio, nunca había estado en un hotel tan lujoso, se dió una buena ducha caliente, desayuno y luego volvió a su habitación a descansar un rato hasta el almuerzo, donde se reuniría con el personal de capacitación de la empresa para conocer el plan de estudio que tendría esa semana.

Iba a estar 5 días de los cuales el último sería para hacer turismo y compras, de resto tendría una capacitación intensiva en todos los procesos y preparaciones del restaurante y además la famosa visita a la planta. Para él el tiempo voló, disfrutó cada minuto de sus capacitaciones, era de los que más preguntaba y se interesaba por todo, y llegó el día de la visita a la planta que era en el día 4. Una van de lujo los llevó a la planta, el control de seguridad a la entrada le pareció un poco excesivo, pero supuso que era normal por ser la organización que era.

En la introducción a la visita, además de los elementos de seguridad, les dan unos pañitos con alcohol diciéndoles que es por prevención porque a algunos los marea el olor en la planta. Comienzan el recorrido por el final del proceso, donde empacan las hamburguesas en las cajas que el normalmente recibe, es un proceso automatizado. Siguen avanzando y viendo los pasos anteriores, el corte, el amasado, hasta que llegan al primero donde se recibe lo que hasta ese momento el creía era carne. Lo que ve no tiene descripción, pero si lo que no ve, lo que no ve es carne, como la que el compra en la carnicería, ni siquiera está seguro de qué es eso que está viendo, parecen desperdicios, algo entre amarillo, café, que entra en una gran máquina que lo muele y luego bañan y tinturan con una gran cantidad de químicos hasta finalmente obtener algo parecido a la carne.

No puede evitar preguntar qué es eso  y la respuesta que le dan es, esa es nuestra rentabilidad, el no sale de su asombro y sólo le queda preguntar si esa cantidad de químicos no afecta la salud de las personas. Luego de un gran silencio, simplemente dicen, si así como la afecta el cigarrillo y mire cuántos fuman. El no sale de su asombro pero decide no preguntar más, sólo observar detenidamente. Al final en su retroalimentación de la visita, habla de las maravillas de la automatización y así pasa el test de la empresa.

Cuando llega de nuevo al hotel decide buscar en internet acerca de eso que había visto y la sorpresa es aún mayor al encontrar bastantes documentos serios científicos, que hablan de los efectos dañinos que genera la comida que él está ayudando a vender. Colesterol alto, diabetes y Cáncer entre otros, es un envenamiento lento dicen en algunos de los paper que consultó. Ahora su conflicto interno crece aún más, por un lado sabe que es muy difícil conseguir otro trabajo tan bien pago, pero por otro lado se siente muy mal al saber que está envenenando las personas.

Llega de nuevo a casa luego de esa experiencia y trata de no poner en evidencia su conflicto, sin embargo su familia siente que algo en él ha cambiado, ese entusiasmo de días anteriores parecía no brillar como antes, sin embargo él trata de actuar lo más normal posible. Así pasa el fin de semana y el lunes regresa a su lugar de trabajo.

Allí su conflicto se hace aún mayor cuando comienza a ver como la gente entra desde temprano a pedir la comida que vende, sabiendo él que es un envenenamiento lento. Trata de no pensar en eso, y seguir como hasta ahora, pero ya todos sienten que algo de él falta. Justo cuando uno del equipo se dispone a preguntarle cómo le fue en su visita a la planta, entra Carlos con Diego al local.

Cuando ve a Diego el conflicto se hace aún más profundo, piensa para sus adentros, que no es justo que esta persona que se ve que está pasando por momentos difíciles, además ahora le vayan a dar una comida envenenada, no sabe cómo evitarlo. Carlos pasa  y compra las dos comidas y Diego va y se sienta en una de las mesas a comer. Fernando sabe que tiene que ser muy cuidadoso en cualquier cosa que haga porque está completamente vigilado. Se le ocurre una idea brillante, acudir a el sentimiento de incomodidad que puede generar Diego como habitante de calle en los demás clientes.

Es así como llama a la policía para que saque a Diego del local y por lo menos salvarlo a él de esa comida envenenada. La policía saca a Diego, Carlos se pone furioso con Fernando y él aprovecha esta situación para pedirle a la policía que lo saque a él también, al final Fernando siente que ha hecho por lo menos una buena acción, logró salvar a Diego y además a Carlos de comer esa comida envenenada por lo menos esta vez.

Sin embargo sólo Fernando entiende esta victoria, Carlos y Diego, los beneficiados, se sienten atropellados por él y los demás consideran que Fernando a cumplido bien su deber al proteger de la incomodidad a los demás comensales. A pesar de esta victoria, Fernando sigue con el conflicto y tendrá que pensar cómo sale de el. 
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Este obra cuyo autor es Hernán Sedano está bajo una licencia de Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional de Creative Commons