El laberinto, no es cuestión de voluntad
La vida parece transcurrir en ciclos. No sólo los naturales, niños, adolescentes y adultos, sino todos los que vienen después.
Cada ciclo marcado por distintas vivencias, que van dejando grabadas creencias y patrones que luego gobiernan nuestro actual. Es inevitable. Y también parece inevitable que no podamos darnos cuenta de este algo que nos está gobernando.
Esta ceguera ante nuestras creencias nos impide crecer fácilmente. Son las creencias ese aquello que nos limita, y no verlas simplemente es como avanzar dentro de un laberinto, nunca podremos ir más allá. La única forma de salir del laberinto, es elevarnos por encima del muro de las creencias.
Pero ni siquiera lo podemos intentar, no es una cuestión de voluntad. La vida transcurre, seguimos atrapados, con un supuesto deseo de querer salir, pero en realidad no podemos ver un afuera, entonces tampoco es posible que queramos salir. Todo se trata simplemente del engaño, en el que también por costumbre, en el que estamos sumergidos.
Pero adquirir estas creencias tampoco ha sido un acto voluntario. Muchas nos las transmiten nuestros padres, otro tanto la escuela y la sociedad, y tal vez una mínima parte las creamos a partir de nuestras experiencias.
Seguramente, mientras estamos libres de problemas, angustias o tristezas, embriagados de felicidad, no tendremos tiempo para pensar en algo como esto. Pero siembre, después de embriagarse, viene una resaca. Es difícil estar el 100% del tiempo en estado de éxtasis, no conozco la primera persona, pero seguramente puede existir. Aunque en la cultura occidental esto es algo poco probable, porque por defecto se considera que nunca es suficiente, que siempre se puede obtener más.
Es estos momentos escucho el viento, en esta zona tenemos días donde el viento llega con más fuerza. Me gusta escucharlo, pensar en toda esa energía que se está moviendo, moviendo de manera natural, fenómenos que aún no comprendemos del todo, que escapan a nuestro control. Así como las olas del mar.
La naturaleza escapa a nuestras creencias, sólo está ahí, siendo ella misma, en una mezcla infinita de fuerzas, movimientos, energía, algo que ni siquiera podemos llegar a imaginar, algo que sucede, sucede, sucede.
Nuestros pensamientos son limitados, usualmente egoístas, mezquinos, podría decir que hasta aburridos, con respecto al concierto de la vida en general.
Buscamos caminos, y tal ve ese es el problema, la naturaleza no busca caminos, simplemente sucede, sin contemplaciones, sin egoísmos, sin importarle nada.
Mientras tanto seguimos nosotros como humanos, viviendo lo absurdo, inventando formas y trampas, para diferenciarnos, someternos, eliminarnos, sin poder salir del laberinto, perdiéndonos la posibilidad de brillar.
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